Internet ha desarrollado la capacidad del consumidor para elegir por sí mismo entre múltiples opciones

 

Desde tiempos inmemoriales, tener la información justa en el momento oportuno ha significado ‘poder’ y solamente las personas o grupos de personas que se podían permitir financiar ese intercambio de información disfrutaron de ese privilegio. Sin embargo, con el nacimiento de Internet ha disminuido drásticamente el tiempo que transcurre entre la necesidad y su ‘realización’, permitiendo alcanzar nuevos niveles de capacidad individual. Es en el sector comercial donde se observa más fácilmente esa demostración. Por Arnaud Saint-Paul.

Desde el siglo XIX, a medida que nuestras sociedades han visto incrementarse su desarrollo económico, dos efectos o consecuencias tuvieron lugar: - la capacidad de cada individuo de elegir, a través de su trabajo, su futuro para él y los suyos, incrementando la probabilidad de cambiarlo; - una mayor circulación de la información no solamente en términos de volumen sino también en cuanto a la rapidez con que se comunica. Ese sistema revolucionario que llamamos “capitalismo”, si bien originó varias discrepancias entre los diferentes estratos de la sociedad, no sólo creó, a lo largo de las generaciones, diversas infraestructuras, también dio sustento a lo que se llamó la ‘clase media’, estrato que reúne a la mayoría de la gente dentro de nuestras sociedades occidentales. En efecto, de esa transformación se logró una mayor diversidad tanto en términos de intercambio de servicios entre los individuos como una mayor flexibilidad entre los componentes esenciales de la sociedad, dando lugar a diferentes poderes que, con el tiempo, se organizaron en distintos organismos, como, por ejemplo, los sindicatos profesionales. También el nivel de educación medio fue subiendo a lo largo de los siglos, permitiendo a la sociedad crecer en el plano económico, pero también en ‘agilidad intelectual’. Todo eso ha podido ocurrir gracias a una mayor circulación de la información y una disminución de su periodo de latencia. De la circulación de la información y de su latencia. Información y poder Desde tiempos inmemoriales, tener la información justa en el momento oportuno ha significado ‘poder’ y solamente las personas o grupos de personas (nobles, iglesia, guildas y más adelante, empresarios, gobiernos) que se podían permitir financiar ese intercambio de información disfrutaron de ese privilegio. Es solamente a partir del final del siglo XIX, principios del XX, con la democratización de los medios de comunicación, como las cartas, el telégrafo, y el teléfono, que se fueron armonizando las infraestructuras que dieron lugar a una educación uniforme y global, y a un mejor movimiento de las mercancías y personas. Más allá de la buena circulación de aquella información, fue el tiempo de transmisión el que facilitó el crecimiento de la sociedad. A tiempo más corto (menor periodo de latencia), más crecimiento económico e individual. Ese efecto se evidenció muy claramente en Estados Unidos a finales de siglo XIX en los sectores financieros. Y fue esa revolución silenciosa la que llevó al nacimiento del famoso ‘Wall Street’ que conocemos hoy en día. Esa misma circulación de información permitió al mismo tiempo igualar en todas las zonas de una sociedad determinada las condiciones de vida o de trabajo y, a partir de esa base, crear la educación adecuada para enriquecer a cada individuo, fenómeno que contribuyó al bienestar de la sociedad. De la mayor libertad de decisiones a nivel individual En esos últimos años, con el nacimiento de Internet - evolución lógica de las conquistas tecnológicas anteriores -, hemos visto disminuir drásticamente el periodo de latencia de la información (el tiempo que transcurre entre la necesidad expresada y su ‘realización’), permitiéndonos alcanzar nuevos niveles de capacidad individual. En paralelo, hemos notado en las sociedades que más utilizan esas tecnologías (EEUU, Reino Unido), que las estructuras basadas en información privilegiada fueron perdiendo poder, en beneficio del individuo que, educándose con la información liberada, tenía a su alcance medios o servicios que anteriormente le hubieran costado mucho más, tanto en términos financieros como de oportunidad. Es en el sector comercial donde se observa más fácilmente esa demostración. No es sólo que los motores de búsqueda especializados por Internet nos permiten elegir la compañía de aviación más barata: las nuevas tecnologías han permitido también crear economías de escala, acortando el circuito de información de la misma compañía de transporte creando inmensos beneficios para los clientes. Algunos ejemplos Ahora, el cliente elige su compañía de aviación y el tipo de servicio a bordo que quiere en función de su presupuesto y sus expectativas. Así, la vieja Iberia ha tenido que adaptar su oferta por la aparición de actores como Easyjet, que ofrecen servicios con la misma o mayor calidad sin los diferentes ‘plus’ ofrecidos a todos los pasajeros y que incrementan el precio del transporte de manera indebida, no ajustada. A su vez, cada individuo elige, dentro de un rango de precio (cuyo mínimo se dividió por tres en este proceso de transformación), los distintos servicios que quiera añadir a su fórmula de transporte. El consumidor se beneficia de ese proceso y escoge con mayor responsabilidad, gracias a elecciones orientadas. De la misma manera, en otros sectores, vemos tomar forma ese mismo proceso. Este escenario se repite en miles de maneras y sectores, en cualquier parte donde existen empresas e individuos que han dispuesto, de manera justificada hasta hace poco, de un saber-hacer del cual han vivido muy bien creando importantes diferencias de valor añadido (o margen) que parecen aberrantes desde un punto de vista económico. Un claro ejemplo de esto último es el sector óptico que, en los últimos 25 años, ha conocido transformaciones revolucionarias y, como tales, impensables hasta hace nada. Posibilidad de elección Ahora, la democratización de la información le ofrece al individuo la oportunidad de hacer sus propias elecciones a la hora de comprar sus gafas. Por supuesto, sigue necesitando del especialista, optometrista u oftalmólogo, que le gradúe la vista, entre otros tipos de servicios especializados. Pero la elección de la montura, así como de las diferentes opciones de sus lentes, ya se puede hacer gracias a la disposición de una información adecuada, logrando así economías sustanciales frente a la práctica convencional, donde el óptico muta de especialista diplomado a simple dependiente. Existen ahora alternativas válidas en EEUU, Reino Unido o incluso en España, que nos dan la posibilidad de hacer esta elección de manera adecuada. Gracias a varias páginas de contenido educacional sobre la temática óptica, la empresa le propondrá todo tipo de ayuda con el fin de completar serenamente su compra. Podemos notar que también propone la posibilidad de configurar/elegir las opciones de las lentes, siempre con una ayuda contextual. Así, el individuo puede, de manera informada, ajustar su necesidad a su presupuesto sin bajar la calidad del producto/servicio y sin influencia comercial. Claros beneficios Como resultado final, gracias a su esfuerzo de documentarse sobre el tema y al tiempo dedicado a la selección, el individuo disminuye en su propio beneficio el importe pagado para un mismo producto/servicio (en este caso, tres veces menos que en una óptica), teniendo así la libertad de incrementar el número de productos que puede adquirir con el mismo presupuesto. Adquiriendo, por ejemplo, múltiples gafas para diferentes usos. Debido a la mayor circulación de la información y a su disponibilidad inmediata, sumada a la educación global de la sociedad, experimentamos en estos años la última evolución de este modelo: una mayor libertad del individuo para tomar decisiones con responsabilidad que le permite expresar su diferencia a través de sus elecciones racionalizadas por la información oportuna. Ese importante efecto permite a la sociedad dar un paso adelante hacia la optimización (y, por ende, mayor competitividad) de sus componentes y procesos. Todo este proceso y los cambios por él implicados determinarán el estilo de vida del siglo XXI.

Información y poder

El apartado nos introduce una idea interesante sobre la relación entre información y poder, diciendo que socialmente, la información suele estar ligada al poder, ya que esta suele estar en manos de la clase dominante, lo cual deja en una postura inferior a la clase desinformada:Lo que cuenta en nuestra sociedad postindustrial no es la fuerza bruta; y las clases dominantes hoy dia, afirma Paniker, son aquellas que retienen el poder informacional siendo las oprimidas aquellas que se limitan a las tareas energéticas.”

Es decir, que la información otorga un poder clarísimo que permite a algunos, al tener acceso a cierta información, ocupar un lugar de preferencia en la sociedad respecto a aquellos que no acceden o que no logran acceder a esta misma información.