Cuando un familiar muy cercano tiene que llegar a comer o dormir y no llega, se retrasa más de lo habitual, comenzamos a preguntarnos qué ha pasado. Conforme pasan la horas la preocupación se hace más latente, ¿la habrá pasado algo?. Cuando han transcurrido 24 horas sin saber nada de nuestro hijo/a, hermano/a o padres, el tiempo se convierte en un enemigo. Si es una persona mayor de edad que, en un momento dado puede tener unos problemas y la desaparición es voluntaria, puede hacerle cambiar de pensamiento el verse en la televisión o su fotografía impresa en un periódico. Estos casos siempre acaban por enseñar a los familiares una amarga experiencia, qué se siente en esas circunstancias; sensación de agobio, angustia y una desesperación que antes nunca habían tenido. Lo normal es que los que han utilizado la desaparición como medio de acabar con un problema, se den cuenta que no es el camino correcto.

 

Tenemos otros tipos de desapariciones como es el caso de algunas personas mayores, la edad con sus problemas y enfermedades que les hace cambiar su personalidad. Estas personas cuando desaparecen es preocupante, sobre todo si están en tratamiento por alguna enfermedad. Si por ejemplo padece una enfermedad que le merma los sentidos, en su caminar desorientado puede alejarse muchísimo en pocas horas, el problema es si ese alejamiento se hace a través del campo o montaña, las inclemencias del tiempo y el terreno, pueden hacer peligrar su vida.

 

En los dos casos anteriores, la rapidez con que se comuniquen los hechos, pueden cambiar los acontecimientos. Lo mejor es coger una fotografía reciente y comunicarlo de inmediato a la policía ,seguidamente a una asociación de desaparecidos, los primeros comenzarán la búsqueda alertando a otras poblaciones de la desaparición, los últimos intentarán sacar lo antes posible su foto en los medios de comunicación. En estos casos el tiempo es oro.

 

Por último tenemos los casos de desaparición forzosa, un secuestro, detención ilegal o desenlaces peores en los que el autor del hecho busca algo más que llevarse a la víctima. En la desaparición forzosa alguien hace desaparecer a nuestro hijo/a, hermano/a, padre, madre, etc., es una de las más complicadas de esclarecer, un elevado porcentaje no vuelven a saber nada de sus familiares. Este tipo de desaparición requiere la intervención rápida de la policía. Es un figura del desaparecido que por su especial peculiaridad; afecta a la vida, las libertades, los derechos, se priva a los familiares del descanso de saber si su hija/o está vivo o muerto, y así pueden pasar los años, esperando los padres la llegada de un hijo que probablemente nunca llegará, porque alguien se ocupó de que nunca apareciera, aunque hay muy pocas veces , pero las hay, en las que el cuerpo de la víctima aparece al cabo de los años, terminando con la ansiedad de no saber qué le ocurrió y dónde está. Los familiares pueden por fin hacer el dolo.

 

Leer la declaración de las Naciones Unidas y veréis la importancia que dan a las desapariciones forzadas. Lástima que en un país como el nuestro, traten más esos temas en los despachos que en las calles buscándolos. Quizás algún día habrá un policía especializada en estos temas, de momento lo que hay, no es otra cosa que una tomadura de pelo.